El olfato y la memoria

El sentido del olfato tiene un gran poder en las emociones. En menos de un segundo podemos transportarnos al pasado y recordar algunas circunstancias que han destacado en nuestra vida… por un olor.
Mejorar el olfato puede considerarse como parte en el desarrollo personal
Los olores traen a la memoria mejor que los otros sentidos, recuerdos de la infancia, en particular de los diez primeros años. Más que cualquier otro sentido, el olfato nos retorna al pasado teniendo la sensación de “estar allí”, reviviéndolo intensamente.
El olfato, por sí solo, no es tan eficaz como la vista o el oído para tener recuerdos claros. A veces el olfato invoca también recuerdos visuales o auditivos, con lo que podemos confundirnos. Esos recuerdos son los que nos dejan recordar con detalle las cosas pasadas. No hay pruebas de que el olfato sea más fuerte que los otros sentidos a la hora de recordar cosas antiguas que no tengan sentido emocional.
Otro talento de la memoria olfativa es que descubrimos semejanzas o diferencias entre olores actuales y pasados, es decir que cuando olemos algo sabemos si es nuevo o si ya lo habíamos olido antes. Un ejemplo es la capacidad que tenemos para percibir si un alimento se puede comer o no, esto también podria considerarse crecimiento personal. también rechazamos las comidas con olores que indican peligro o enfermedad, como a podrido o también relacionados con alimentos que alguna vez nos causaron daño o indigestión.
Si tenemos ligado un olor a un sitio en que algo que comimos nos sentó mal, es difícil desligar ese nexo y relacionar una nueva comida o un lugar nuevo, porque al olerlo nos viene automáticamente a la mente ese recuerdo y esa sensación de asco.
En definitiva se trata de una prueba más de que, aunque no le demos importancia utilizamos el sentido del olfato y con ello recordamos cosas que han sido importantes en nuestra vida.
El sólo olor de un buen frito, no nos sacia el apetito.